viernes, 28 de marzo de 2008

Suposiciones


Suponemos que la tierra
es redonda

Suponemos que la estrella que miramos cada noche
explotó hace millones de años

Suponemos los dinosaurios
y los cometas

Supongo que me amas, que no me olvidas

Supongo que voy a ir
Supongo que vas a volver

Supongo que tu también supones
que la tierra, que la estrella,
que la noche, que los dinosaurios,
que yo, que tu

Supongo y entonces todo y nada es real

¿Acaso no se supone que de eso se trata todo?

(...)
Recomendamos la película "Stay" ("El Umbral" o "Tránsito" en español) de Marc Foster

viernes, 21 de marzo de 2008

Nuestros acuerdos terapéuticos


Como humanos nuestra vida transcurre en un permanente flujo de comunicación, desde que nacemos y durante toda nuestra existencia, ya sea con gestos o con palabras, en nuestro hogar, en el trabajo, con los amigos, en la compra cotidiana, la comunicación (la palabra, el lenguaje, el habla, el código lingüístico, esto que estamos haciendo ahora mismo) conecta y organiza nuestras vidas hasta su último detalle y rincón, incluso aquellos que nos parecen más íntimos.

A pesar de lo evidente y relevante del hecho comunicativo para la vida humana, esta forma fundamental de "ser-en-el-mundo", está lejos de ser transparente, los múltiples fallos, los malos entendidos, los desencuentros, los conflictos recurrentes en que participamos, tanto a nivel interpersonal como colectivo, nos indican también que, si bien, vivimos en este espacio común que compartimos con otros seres humanos en el encuentro comunicativo, éste nos es bastante desconocido, hay incertidumbre y oscuridad que parece “acecharnos” permanentemente.

Desde la perspectiva de comunicación terapéutica, los problemas de relación que tenemos se deben a una manera muy “anticuada” de pensar y explicar nuestros propios comportamientos y los de los demás. Una manera que hoy, dentro de la filosofía de la mente, se denomina “psicología de sentido común” y que desde un punto de vista evolutivo privilegia una mirada individualista de un asunto que sólo se puede resolver en un espacio comunicativo, o sea, poniéndose “en común” con el otro.

Pero cuando uno está en una situación de conflicto pareciera que lo menos que se puede lograr es “comunicarse” con el otro, entonces ¿cómo puedo ponerme en común si pareciera que las diferencias son justamente las que han desencadenado la brecha? Miguel Ruiz es un escritor heredero de la sabiduría Tolteca, en sus escritos encontramos una guía simple de recordar, aunque no fácil de integrar a la vida cotidiana. Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz es un libro muy bello y profundo que sirve justamente para eso, para no olvidar que vivimos en un espacio comunicativo constituido por personas. La maestría está en vivir la vida desde ahí:

  1. Se impecable con tus palabras
  2. No te tomes nada personalmente
  3. No hagas suposiciones
  4. Haz siempre tu máximo esfuerzo
Diciéndolo con nuestras palabras desde la mirada de Comunicación Terapéutica, para construir una buena relación o mejorar una existente es importante:

1) Ser sinceros: tomemos contacto con nuestra experiencia tal como nos está ocurriendo y comuniquémosla. Dejemos que nuestra verdad abra la verdad en el corazón de nuestro interlocutor.

2) Estar abiertos: escuchemos al “otro” intentando comprender su vivencia, pongámonos en su lugar. Según esto dispongámonos también a modificar nuestra experiencia integrando su perspectiva. No seamos más un simple “yo” sino un nosotros.

3) No confundirse: desde la rabia, la soledad, la mala onda, no se dice la verdad, no hagamos caso a los mensajes dichos desde estos estados emocionales destructivos.

4) Y en medio de la tormenta: mantener en nuestra mente y en nuestro corazón la firme intención de llegar a un acuerdo, sostengamos el timón firme de nuestra palabras e insistamos en comunicarnos sincera y amorosamente.

viernes, 14 de marzo de 2008

Dragones en la luna



Hay una historia circulando desde hace muchos años, y cuenta que en realidad el ser humano nunca ha llegado a la Luna y que todo ha sido un montaje de algún servicio Norteamericano de Inteligencia.

Sin embargo la gran mayoría de nosotros probablemente creemos que sí, efectivamente, el hombre llegó a la luna y que decir lo contrario es una broma o una locura porque “todo el mundo lo vio por televisión”. Desde un punto de vista Comunicativo lo relevante es constatar que estas dos interpretaciones coexisten dentro de nuestra cultura, generando “realidades paralelas” para quienes las sostienen.

Hace unos días, nuestro hijo de siete años nos preguntó "¿Y ustedes, creen en los dragones?". Se produjo un instante de silencio... qué responder... por un lado ambos creemos saber que los dragones no existen, no queremos "contaminar" la imaginación de nuestro hijo, pero tampoco queremos mentirle ¿y entonces?

¿Y si la existencia o no de los dragones la homologamos a la llegada (o no) del hombre a la luna? ¿Y si fuesen “dos historias en paralelo” que de alguna manera determinan profunda y radicalmente la realidad que los que las creen, ven, sienten, comprenden y hacen?

Desde un punto de vista Comunicativo no hay una verdad o una realidad última que exista independiente de las interpretaciones de los diferentes actores que las sostienen. Para un científico, unos fragmentos de hueso sometidos al escrutinio de un microscopio, son suficientes para postular la existencia de un dinosaurio hace varios millones de años, para un niño la palabra de sus padres y algunos regalos son suficientes para creer en el Viejo Pascuero. El punto crucial es que cada cual, en comunicación con los demás, está constantemente generando “interpretaciones de realidad” que constituyen, literalmente, el mundo en que vive.

Ahora bien, afirmar que las interpretaciones de realidad que uno genera constituyen el mundo en que uno vive puede resultar bastante simplista si es que no se incorpora un elemento importante. Esa interpretación no es arbitraria, tampoco es exclusivamente “individual”, sino que está co-creada en un espacio relacional. No es arbitraria ya que cada interpretación corresponde a un mundo específico con características propias, un mundo donde dicha interpretación funciona y se valida. Este Mundo puede abarcar a “algunos de nosotros” como el imaginario creado por Tolkien, o a “muchos de nosotros” como la creencia en la “fuerza de gravedad”, pero en ningún caso es una creación puramente individual. En los casos más extremos, que normalmente denominamos como “locura” se trata de interpretaciones de realidad muy singulares creadas a partir de fragmentos de significados colectivos, interpretaciones que se vuelven muy particulares justamente por su poca conectividad comunicativa.

Este es un tema que seguiremos revisando, reflexionando y profundizando en publicaciones próximas. Pero justamente por su importancia, queremos dejarlo hoy como un quinto recuerdo para el futuro: Yo y nosotros hacemos la realidad que vivimos en la medida que creemos que es la realidad, o sea, que interpretamos de alguna manera que es lo verdadero y por lo tanto inmutable.

Entonces, si cambiamos la interpretación que tenemos de la realidad, ¿qué le sucede a "la realidad"?

viernes, 7 de marzo de 2008

Estamos desnudos



"Por eso ser sincero es ser potente,
de desnuda que está brilla la estrella"

Rubén Darío


En Santiago de Chile, donde vivimos, existe un parque muy hermoso, lleno de árboles añosos, juegos infantiles, museos. Los domingo siempre está lleno de gente, de amantes, de niños mezclados con las palomas... es gratis estar ahí y por eso todos lo habitan, de todas las particulares maneras en que se puede habitar.

Cuando nos conocimos, hace ya doce años, lo hicimos muy cerca de ese parque y por lo tanto se nos transformó en un lugar habitual, un espacio donde comenzamos a construirnos como pareja, pero sobre todo, donde nos reconocimos como compañeros de un viaje existencial que siempre habíamos querido iniciar, pero para el que nos faltaba justamente "el otro".

El Parque Forestal es como una verde y multifacética columna vertebral en este Santiago cada día más congestionado y ruidoso y en medio de él, una fuente no muy llamativa conmemora al poeta nicaragüense Rubén Darío, ahí sentados, en marzo de 1995, nos dimos nuestro primer beso, tomando como promesa las palabras del poeta.

Este es ahora nuestro cuarto recuerdo para el futuro: la verdad.

Decir la verdad, ser honestos, sinceros en nuestros actos, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y sobre todo, aprender a decir esa verdad de manera que sea, en el caso de que así sea, lo menos dolorosa para el otro, que soy, al fin y al cabo, yo mismo.