
Hay una historia circulando desde hace muchos años, y cuenta que en realidad el ser humano nunca ha llegado a
Sin embargo la gran mayoría de nosotros probablemente creemos que sí, efectivamente, el hombre llegó a la luna y que decir lo contrario es una broma o una locura porque “todo el mundo lo vio por televisión”. Desde un punto de vista Comunicativo lo relevante es constatar que estas dos interpretaciones coexisten dentro de nuestra cultura, generando “realidades paralelas” para quienes las sostienen.
Hace unos días, nuestro hijo de siete años nos preguntó "¿Y ustedes, creen en los dragones?". Se produjo un instante de silencio... qué responder... por un lado ambos creemos saber que los dragones no existen, no queremos "contaminar" la imaginación de nuestro hijo, pero tampoco queremos mentirle ¿y entonces?
¿Y si la existencia o no de los dragones la homologamos a la llegada (o no) del hombre a la luna? ¿Y si fuesen “dos historias en paralelo” que de alguna manera determinan profunda y radicalmente la realidad que los que las creen, ven, sienten, comprenden y hacen?
Desde un punto de vista Comunicativo no hay una verdad o una realidad última que exista independiente de las interpretaciones de los diferentes actores que las sostienen. Para un científico, unos fragmentos de hueso sometidos al escrutinio de un microscopio, son suficientes para postular la existencia de un dinosaurio hace varios millones de años, para un niño la palabra de sus padres y algunos regalos son suficientes para creer en el Viejo Pascuero. El punto crucial es que cada cual, en comunicación con los demás, está constantemente generando “interpretaciones de realidad” que constituyen, literalmente, el mundo en que vive.
Ahora bien, afirmar que las interpretaciones de realidad que uno genera constituyen el mundo en que uno vive puede resultar bastante simplista si es que no se incorpora un elemento importante. Esa interpretación no es arbitraria, tampoco es exclusivamente “individual”, sino que está co-creada en un espacio relacional. No es arbitraria ya que cada interpretación corresponde a un mundo específico con características propias, un mundo donde dicha interpretación funciona y se valida. Este Mundo puede abarcar a “algunos de nosotros” como el imaginario creado por Tolkien, o a “muchos de nosotros” como la creencia en la “fuerza de gravedad”, pero en ningún caso es una creación puramente individual. En los casos más extremos, que normalmente denominamos como “locura” se trata de interpretaciones de realidad muy singulares creadas a partir de fragmentos de significados colectivos, interpretaciones que se vuelven muy particulares justamente por su poca conectividad comunicativa.
Este es un tema que seguiremos revisando, reflexionando y profundizando en publicaciones próximas. Pero justamente por su importancia, queremos dejarlo hoy como un quinto recuerdo para el futuro: Yo y nosotros hacemos la realidad que vivimos en la medida que creemos que es la realidad, o sea, que interpretamos de alguna manera que es lo verdadero y por lo tanto inmutable.
Entonces, si cambiamos la interpretación que tenemos de la realidad, ¿qué le sucede a "la realidad"?

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