
Como humanos nuestra vida transcurre en un permanente flujo de comunicación, desde que nacemos y durante toda nuestra existencia, ya sea con gestos o con palabras, en nuestro hogar, en el trabajo, con los amigos, en la compra cotidiana, la comunicación (la palabra, el lenguaje, el habla, el código lingüístico, esto que estamos haciendo ahora mismo) conecta y organiza nuestras vidas hasta su último detalle y rincón, incluso aquellos que nos parecen más íntimos.
A pesar de lo evidente y relevante del hecho comunicativo para la vida humana, esta forma fundamental de "ser-en-el-mundo", está lejos de ser transparente, los múltiples fallos, los malos entendidos, los desencuentros, los conflictos recurrentes en que participamos, tanto a nivel interpersonal como colectivo, nos indican también que, si bien, vivimos en este espacio común que compartimos con otros seres humanos en el encuentro comunicativo, éste nos es bastante desconocido, hay incertidumbre y oscuridad que parece “acecharnos” permanentemente.
Desde la perspectiva de comunicación terapéutica, los problemas de relación que tenemos se deben a una manera muy “anticuada” de pensar y explicar nuestros propios comportamientos y los de los demás. Una manera que hoy, dentro de la filosofía de la mente, se denomina “psicología de sentido común” y que desde un punto de vista evolutivo privilegia una mirada individualista de un asunto que sólo se puede resolver en un espacio comunicativo, o sea, poniéndose “en común” con el otro.
Pero cuando uno está en una situación de conflicto pareciera que lo menos que se puede lograr es “comunicarse” con el otro, entonces ¿cómo puedo ponerme en común si pareciera que las diferencias son justamente las que han desencadenado la brecha? Miguel Ruiz es un escritor heredero de la sabiduría Tolteca, en sus escritos encontramos una guía simple de recordar, aunque no fácil de integrar a la vida cotidiana. Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz es un libro muy bello y profundo que sirve justamente para eso, para no olvidar que vivimos en un espacio comunicativo constituido por personas. La maestría está en vivir la vida desde ahí:
- Se impecable con tus palabras
- No te tomes nada personalmente
- No hagas suposiciones
- Haz siempre tu máximo esfuerzo
1) Ser sinceros: tomemos contacto con nuestra experiencia tal como nos está ocurriendo y comuniquémosla. Dejemos que nuestra verdad abra la verdad en el corazón de nuestro interlocutor.
2) Estar abiertos: escuchemos al “otro” intentando comprender su vivencia, pongámonos en su lugar. Según esto dispongámonos también a modificar nuestra experiencia integrando su perspectiva. No seamos más un simple “yo” sino un nosotros.
3) No confundirse: desde la rabia, la soledad, la mala onda, no se dice la verdad, no hagamos caso a los mensajes dichos desde estos estados emocionales destructivos.
4) Y en medio de la tormenta: mantener en nuestra mente y en nuestro corazón la firme intención de llegar a un acuerdo, sostengamos el timón firme de nuestra palabras e insistamos en comunicarnos sincera y amorosamente.

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