
¿Somos libres cuando elegimos únicamente siguiendo nuestros deseos o simplemente al hacerlo nos convertimos en esclavos de ellos? Muchas veces añoramos abandonarnos en una silla, junto al mar o mirando la montaña, queremos disfrutar de una rica comida y hacer lo que nos da la real gana... la vida, este camino que nos ha tocado recorrer, al parecer no está en ningún polo sino al centro, el verdadero aprendizaje se encuentra justo en el medio, en el equilibrio de las posibilidades, no se trata de un sufrimiento perenne, ni tampoco del placer sin sentido.
"Érase una vez un hombre que murió y se encontró de pronto en un lugar hermosísimo, rodeado de todo lo que podía desear. Un sirviente vestido con una elegante tenida blanca se le acercó y le dijo: -Puede elegir lo que más le agrade, los manjares más deliciosos, lo que más le guste.. El hombre, fascinado, pasó largos meses durmiendo días enteros, divirtiéndose de mil maneras en noches interminables, comiendo lo que se le antojaba, bebiendo los licores más exquisitos. Pero un buen día empezó a sentirse hastiado de todo eso. Apenas vio aparecer al sirviente se le acercó y le dijo: -Estoy harto de divertirme y nada más. Necesito hacer algo útil. Denme algo que hacer, cualquier cosa, lo que quieran. El sirviente lo miró con tristeza, movió la cabeza de un lado a otro y le respondió: -Lo siento, señor. Pero eso es lo único que no podemos darle. Aquí no hay nada que hacer. El hombre se quedó mudo unos segundo y luego respondió irritado: -¡Qué horror! ¡Bien podría estar en el infierno! Y el sirviente le respondió, cortésmente como siempre: -¿Y dónde cree usted que está?"
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Cuento extraído del libro "Cuentos para el Camino"

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