domingo, 23 de noviembre de 2008

Volver a estar entusiasmados


Hay palabras que son un cofre de tesoros, palabras que en su sola sonoridad describen la poesía de sus significados. Hay palabras que por el simple hecho de pronunciarlas, abren la cerradura que guardaba su sentido. Y también hay palabras que nombramos despreocupadamente, apurados, tropezando las letras unas con otras hasta olvidar, de tanto decirlas, a qué significados misteriosos pueden remitirnos.

Lo maravilloso sucede cuando uno descubre que una de esas palabras dichas-al-pasar es una de esas criaturas maravillosas del lenguaje. Eso nos pasó a nosotros hace tiempo con la palabra 'entusiasmado'. Pasó de ser una-simple-palabra que describe un estado de ánimo, a ser una lámpara refulgente y vital que permite orientarse en el camino.

Entusiasmado viene de la palabra griega "entheus" que significa 'con un dios adentro' o 'llenarse con lo divino'.
En un momento en el que nos hemos ido acostumbrado a llenar con adrenalina y urgencia el espacio que debiera llenar el entusiasmo, conocer el significado inicial y esencial de la palabra, hizo explotar una dimensión existencial en una experiencia que habíamos sentido muchas veces antes, pero sin el valor que adquiría de pronto. 'Entusiasmo' empezó a significar algo diferente, o en realidad lo mismo de antes, pero más y muchísimo mejor.

La vivencia de estar entusiasmado se volvió todavía más plena, más profunda y también algo que queríamos encontrar mucho más seguido en nuestras actividades cotidianas. Queríamos andar con un dios adentro.

Y vaya que resulta difícil cuando a cada rato se nos invita a reemplazar esta sensación creativa con una "bebida energizante", comprada en un supermercado y que nos "ayuda a seguir dándole". Ya no vamos al trabajo, sino a la pega. Parece que no trabajamos porque nos gusta, nos desafía, nos exige, nos potencia, sino por la recompensa al final del horizonte más cercano. No celebramos con los amigos sino que carreteamos para anestesiarnos y que no moleste tanto... porque al final del día, lo que realmente incomoda, lo que nos pesa y muchas veces nos frustra, es haber perdido al dios que tenemos que llevar dentro.

Se acaba el mes y se acaba el año, se vienen días más pesados, cierres de procesos, evaluaciones y balances, renovación de propósitos y metas. Cansancio, sobre todo cansancio y estrés, por eso queremos invitarnos a encontrar también, en medio del ruido cotidiano, y justamente por ese ruido, la oportunidad de renovar nuestro entusiasmo.
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