lunes, 20 de octubre de 2008

Dialogar


"Un verdadero diálogo no es posible más que si verdaderamente se quiere dialogar. Gracias a este acuerdo entre interlocutores, renovado en cada etapa de la discusión, no es uno de los interlocutores el que impone su verdad al otro; muy por el contrario, el diálogo les enseña a ponerse en el lugar del otro, luego a sobrepasar su propio punto de vista. Gracias a su sincero esfuerzo, los interlocutores descubren por sí mismos, y en sí mismos, una verdad independiente de ellos, en la medida que se someten a una 'autoridad superior', el logos."*
Establecer y propiciar una conversación sincera, significativa y transformadora es uno de los principios fundamentales del proyecto Comunicación Terapéutica, por eso hemos elegido este párrafo que en su contexto nos remite a la enseñanza platónica, pero que sin embargo, nos enfrenta a un sentido de la conversación que trasciende el tiempo y la historia y que nos instala frente a la importancia más profunda de un diálogo honesto, la posibilidad de sanarnos a través de la palabra, a través de la conciencia. Pero esta sanación sólo es posible en la medida de que seamos capaces de descubrir la verdad que nos traspasa y nos proyecta, esa que emerge en el espacio comunicativo que sólo es posible de ser construido con el otro. Esta semana los invitamos a dialogar, a ponerse en el lugar del otro, a sobrepasar sus propios puntos de vista, a escucharnos recíprocamente y dejarse sorprender por la potencia creativa de la comunicación.

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"¿Qué es la Filosofía Antigua" de Pierre Hadot (Fondo de Cultura Económica, 2000)

lunes, 13 de octubre de 2008

Esto pasará

"El doliente"
del poeta chileno Oscar Hahn


Pasarán estos días como pasan

todos los días malos de la vida

Amainarán los vientos que te arrasan

Se estancará la sangre de tu herida


El alma errante volverá a su nido

Lo que ayer se perdió será encontrado

El sol será sin mancha concebido

y saldrá nuevamente en tu costado


Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido

anegado, sin brújula y perdido

llegar a puerto con las velas rotas?


Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves

es el que hace volar a las gaviotas

Durante siglos, muchos sabios, artistas y poetas han hecho el esfuerzo por compartir con nosotros sobre descubrimientos que les han abierto sus conciencias. Hace muchos años escuchamos una historia de un padre muy rico que tenía dos hijos, al morir, a uno le heredó todos sus bienes y al otro, el más joven (siempre lo es), le heredó una simple argolla de plata que en su interior tenía escrito "Esto pasará". El padre le heredó al menor de sus hijo toda la sabiduría que había desarrollado durante su vida. Todo finalmente pasa, por eso tenemos que aprender de cada experiencia que tenemos, enfrentar con coraje y creatividad los momentos más difíciles y disfrutar con placer sincero y profundo las alegrías. Es el mismo viento que a veces nos acaricia y otras se huracana. Creemos que aprender a ser felices, que es uno de los objetivos más importantes que tenemos siempre los seres humanos, radica en tomar conciencia de que el pasado ya no existe, sólo es nuestra memoria, el futuro tampoco existe, es nuestra proyección. Lo que realmente existe es sólo el presente, ahora mismo, y pasará.

¿Cuándo vamos a empezar a vivirlo realmente?

lunes, 6 de octubre de 2008

Nada que hacer



"Érase una vez un hombre que murió y se encontró de pronto en un lugar hermosísimo, rodeado de todo lo que podía desear. Un sirviente vestido con una elegante tenida blanca se le acercó y le dijo: -Puede elegir lo que más le agrade, los manjares más deliciosos, lo que más le guste..
El hombre, fascinado, pasó largos meses durmiendo días enteros, divirtiéndose de mil maneras en noches interminables, comiendo lo que se le antojaba, bebiendo los licores más exquisitos. Pero un buen día empezó a sentirse hastiado de todo eso. Apenas vio aparecer al sirviente se le acercó y le dijo: -Estoy harto de divertirme y nada más. Necesito hacer algo útil. Denme algo que hacer, cualquier cosa, lo que quieran. El sirviente lo miró con tristeza, movió la cabeza de un lado a otro y le respondió: -Lo siento, señor. Pero eso es lo único que no podemos darle. Aquí no hay nada que hacer. El hombre se quedó mudo unos segundo y luego respondió irritado: -¡Qué horror! ¡Bien podría estar en el infierno! Y el sirviente le respondió, cortésmente como siempre: -¿Y dónde cree usted que está?"
¿Somos libres cuando elegimos únicamente siguiendo nuestros deseos o simplemente al hacerlo nos convertimos en esclavos de ellos? Muchas veces añoramos abandonarnos en una silla, junto al mar o mirando la montaña, queremos disfrutar de una rica comida y hacer lo que nos da la real gana... la vida, este camino que nos ha tocado recorrer, al parecer no está en ningún polo sino al centro, el verdadero aprendizaje se encuentra justo en el medio, en el equilibrio de las posibilidades, no se trata de un sufrimiento perenne, ni tampoco del placer sin sentido.


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Cuento extraído
del libro "Cuentos para el Camino"