El sábado recién pasado estuvimos compartiendo con un querido amigo que celebraba sus 40 años. Queríamos regalarle algo especial, porque sabemos, tanto por lo que hemos estudiado y trabajado mucho tiempo, así por lo que hemos experimentado en "carne propia", que hay edades, momentos en la vida, que nos precipitan al vértigo y nos enfrentan a nuestros propios límites y no siempre es fácil encontrar las guías que nos permitan pasar a la siguiente etapa con un sentimiento de plenitud.
Al final decidimos regalarle una bitácora y en las primeras páginas escribimos el texto que ahora compartimos con todos ustedes y que sabemos que a él no le importará que lo hagamos, porque al final estamos todos en un mismo camino...
Los invitamos a reflexionar: ¿cuáles son los temas qué les preocupan profundamente en la etapa vital en la que están?
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Los 40, encontrar el propio lugar en el mundo.
Como la carta del tarot que ilustra este post, los 40 nos plantean un desafío mayúsculo. Un pie en la tierra firme y un pie en medio de la transparencia y la vacuidad. Es el momento de comenzar a nutrir la tierra con el agua que mana desde el centro de nosotros mismos.
Es al cumplir los 40 años que una crisis que se ha venido desarrollando desde los 37 aproximadamente, llega a su nivel más profundo. Después de haber vivido lo suficiente ya empezamos a tener nuestra propia idea de cómo vivir mejor. Empezamos a mirar nuestra historia, a proyectar con fuerza un futuro mucho más personal del que nunca antes habíamos pensado y sobre todo, empezamos a tener la urgencia de conectarnos con el mundo de una manera más esencial. Los cuarenta años marcan el momento en que reevaluamos, redefinimos existencialmente nuestro lugar en el mundo, un lugar que necesitamos nos de sentido, que trascienda la mera sobreviviencia, que vaya más allá de sólo "ganarse la vida".
Nuestra raíz genealógica, nuestra herencia, ya no nos sustenta más, ahora somos adultos y nuestro período de madurez psíquica se está completando para prepararnos para los años en que debemos madurar espiritualmente. Ahora requerimos afirmarnos de nuestra raíz individual y que sabemos se extiende más allá de lo "terrenal".
Este es el momento en la vida de todo ser humano, que las tradiciones espirituales y la literatura han denominado como "El regreso del héroe, del guerreo, o del santo". Su regreso, después de un período de revisión profunda, de encuentro con su propia esencia. Ahora retorna a la vida común y corriente de su época, no para vivirla de la misma manera que había aprendido, ni de la misma manera que "los demás" le indican que debe hacerse. Ahora deberá vivirla de acuerdo a la propia manera, la que cree existencialmente que es mejor y con eso renovarla también para los demás.
Los 40 años son el momento en que hacemos nuestro equipaje para ese retorno y entonces debemos decidir qué guardamos, qué transformamos y qué dejamos en la etapa anterior.
Ya nos hemos preguntado muchos años sobre el "sentido de la vida", ahora es el momento de elaborar la respuesta, nuestra propia, personal e íntima respuesta, porque es ella la que operará de brújula en esta segunda parte de la vida. Debemos respondernos la gran pregunta de ¿Cómo es mejor vivir la vida?, para luego ir ajustando nuestras acciones, de manera de construir y permitir que emerja nuestra manera de comprender la existencia.
Este primer período es sumamente difícil, en la medida que requiere hacer un recuento de la vida, profundo y sistemático, en el que necesariamente tenemos que enfrentarnos a todos los condicionamientos que hemos aprendido durante nuestra vida. Así, en el paso a convertirse en un verdadero y pleno adulto, todo ser humano debe enfrentarse con las formas de pensamiento familiares y sociales que ahora lo limitan, para descubrir su propio pensamiento.
Este es el el inicio de desafío máximo, porque es para todo ser humano, el momento de la verdad, la propia verdad.